DEMUESTRAN ALUMNAS Y ALUMNOS DE LA ESCUELA DE MARIACHI DEL CENTRO CULTURAL OLLIN YOLIZTLI APRENDIZAJE EN EXAMEN DE FIN DE CURSO
SC/CPDC/268-26
● El recital de ensambles forma parte del cierre del ciclo y es la evaluación final de las alumnas y alumnos de todos los grados
● Entre las canciones más populares de mariachi, las y los estudiantes interpretaron "México de noche", "Maldición ranchera" ,"Tequila con limón", "Desdén" y "¡Qué va!", entre otros del repertorio más representativo del país ante el mundo
Con los ritmos más tradicionales de la auténtica música mexicana, sus característicos sones, rancheras y corridos, alumnas y alumnos de la Escuela de Mariachi del Centro Cultural Ollin Yoliztli, perteneciente a la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México, presentaron este viernes 26 de junio un repertorio con lo más típico del género como parte de su Examen Recital Semestral de Ensamble, en una verdadera serenata de dos horas abierta a todo público.
"Es la única escuela de la Ciudad de México y la única escuela del país con un programa como el que tenemos, hay otras que tienen la licenciatura, pero esta es la única a la que tiene acceso toda la gente porque las otras son privadas. Esta es la única que tiene un plan de estudios completo con profesionalización y educación integral y academización de la música de mariachi", aseguró Claudia Vanessa Velasco Martínez, responsable de la dirección de la Escuela de Mariachi Ollin Yoliztli.
Cerca de 80 estudiantes de los cuatro grados divididos en 5 ensambles, dos correspondientes a 1A y otro a 1B, se apropiaron del Foro Gustavo A. Santiago de la Escuela ubicada a unos pasos de la Plaza Garibaldi para ofrecer una demostración de su aprendizaje de este ciclo en una evaluación de cuatro profesores.
"Es mantener el equilibrio entre la parte técnica para que esa parte exista, pero que no se deje atrás la parte del estilo que se ha transmitido de manera oral. Lograr academizarlo ha sido un gran paso y es muy importante que lo preservemos porque es parte de nuestra identidad nacional", añadió.
Poco después de las 11 horas, los jóvenes mariachis con elegante traje negro, moño distintivo del color de su ensamble y botonadura plateada, subieron al escenario con su guitarrón, violín, vihuela, guitarra, trompeta o cantando festivos conformando un programa, que lo mismo interpretaron el inconfundible "México de noche", el dolor de "Maldición ranchera", el alegre "Tequila con limón"; "¡Qué va!", y una versión instrumental muy mexicana de Marcha turca de Wolfgang Amadeus Mozart, mientras que el maestro a cargo de cada ensamble dirigía frente a ellos.
Durante las populares canciones, el sentimiento embargaba a sus compañeras y compañeros, quienes lanzaban alguna arenga y un apasionado silbido, terminando su turno arropados con un fuerte aplauso del público. El ambiente en la escuela era una mezcla de entusiasmo desbordante y la silenciosa tensión que precede a las grandes presentaciones.
Entre los músicos que afinaban sus instrumentos destacaba la presencia de Rubí Gallegos, la mejor alumna de la Escuela del Mariachi. Con la mirada brillante antes de subir al escenario, compartió la profunda conexión espiritual que mantiene con su arte.
"Estoy muy feliz y emocionada porque estamos representando a nuestro país y lo que es la música de mariachi. Es mi sueño desde pequeña", relató antes de sumarse al ensamble que rindió un emotivo y magistral homenaje al reconocido cantante José Alfredo Jiménez.
Pero el rigor de la academia no perdona ni a los más experimentados. El eco de los metales exige perfección. David Alexis Marcelo Brecil, estudiante del último año, confesó que portar el instrumento frente al jurado transforma el escenario. A pesar de su fogueo en el ámbito profesional del mariachi, admitió que someterse al escrutinio de los sinodales inyecta una dosis de nerviosismo a todo el ensamble, pues el "panorama de calificación" no permite margen de error.
Marcelo Brecil y su ensamble fueron los encargados de presentar la complejidad de la Marcha turca de Mozart, pasando por el sentimiento a flor de piel de "Desdén" y "Mi destino", hasta culminar con la nostalgia de "¡Qué va!" de Javier Solís.
Como parte del cierre, un ensamble representativo interpretó "La surianita", "Manizales", "Parejos" y "El cascabel", con su protagónica arpa, todas de la autoría de Gustavo A. Santiago, fallecido en febrero pasado, y a quien dedicaron un sentido aplauso. Finalmente, todos los y las estudiantes reunidos interpretaron una de las canciones más reconocidas de México ante el mundo: "El son de la negra" y un popurrí de grandes éxitos, como "México lindo y querido".
Al examen asistió la secretaria de Cultura de la Ciudad de México, Ana Francis López Bayghen Patiño, así como Ruth Peña, autora de Parejos y viuda del maestro Gustavo A. Santiago. Con esta demostración de talento puro, la Escuela del Mariachi no solo evalúa a sus estudiantes, sino que custodia celosamente el alma sonora de México, garantizando que el legado vista de charro y suene impecable por muchas generaciones más.
La Escuela de Mariachi es la primera que ofrece una formación académica medio superior en la enseñanza de este tradicional género mexicano. Su programa educativo ofrece una formación profesional y perfeccionamiento a músicos y contempla el nivel Técnico Profesional en diversos instrumentos, con registro y validación de la SEP. Se encuentra en Callejón de La Amargura 10, Centro, a unos pasos de Plaza Garibaldi.
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